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miércoles, 31 de mayo de 2017

“Existe relación entre un sistema político con más libertades y el incremento de la violencia machista en su forma más brutal”

 El libro se presentó anoche en el espacio UNE de la Librería del BOE de Madrid. Intervinieron: la catedrática María Dolores Ramos, directora de la colección Atenea; Teresa Vera Balanza, subdirectora de la misma; Rosario Moreno-Torres Sánchez, directora de UMA Editorial; y la autora.


Esta obra estudia la relación entre mujeres y violencias durante la Dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República, una etapa en la que se dieron una serie de transformaciones políticas, sociales y culturales que nos permiten reflexionar sobre su impacto en el ejercicio de la violencia machista y también en la acción de las mujeres como perpetradoras de violencia tanto criminal como política.


P. ¿Cuáles fueron esas transformaciones?

R. La Segunda República desarrolló unas políticas de género que sancionaron la igualdad jurídica y política entre mujeres y hombres a través de algunas medidas como el matrimonio civil, el divorcio, la despenalización del adulterio, la igualdad entre la descendencia habida dentro o fuera del matrimonio, la no discriminación en cargos públicos por razón de sexo y el sufragio universal. En el plano sociocultural, se consolidaron los nuevos modelos de masculinidad y feminidad que habían surgido en la década anterior, que impulsaron nuevos modelos de relación entre los sexos y una nueva consideración social de las mujeres.


P. ¿De qué modo se manifestó esa influencia en la violencia machista?
R. Después de la investigación se puede concluir que las transformaciones en el plano político con respecto a los derechos de las mujeres no variaron en gran medida los móviles por los que se producían crímenes con motivación de género o con una base de violencia machista. Sin embargo, sí que se observa que en la Segunda República hay más casos en los que un hombre mata a una mujer con la que mantiene una relación sentimental después de que ésta haya interpuesto una demanda de divorcio o haya comunicado su deseo de hacerlo. En este sentido, pienso que las medidas impulsadas por el gobierno republicano proporcionaron a las mujeres nuevos mecanismos para avanzar en su libertad e independencia.


P. ¿Y en la violencia perpetrada por mujeres?

R. Los estereotipos de género jugaron un importante papel en la forma en la que se percibía y juzgaba la violencia ejercida por mujeres. Estos valores y la relación establecida tradicionalmente entre masculinidad y violencia hicieron que la violencia femenina fuera invisibilizada o negada sistemáticamente. En su lugar, se construyeron una serie de mitos y figuras sobre las mujeres criminales que permitían no comprometer la estabilidad del arquetipo pacífico de mujer. Estas representaciones se basaban en una visión de las mujeres violentas como “no mujeres” o mujeres desviadas, que habían sufrido una alteración de alguna de las funciones femeninas: estas mujeres cometían los crímenes por algún asunto relacionado con la maternidad, con una sexualidad desmedida o con alguna enfermedad mental. Sólo así se explicaba que una mujer cometiera algún tipo de violencia, ya que según estos discursos era un ser incapaz biológicamente de ejercerla.


P. En regímenes de mayor libertad como la Segunda República o nuestra democracia, la violencia de género ¿es más numerosa o simplemente es más visible?

R. No podemos afirmar con seguridad si la violencia de género se incrementa, en todas sus variables en regímenes de más libertad, ya que carecemos de datos cuantitativos para otras épocas que nos permitan hacer una comparación con respecto a regímenes no democráticos. Sin embargo, el hecho de que el móvil de muchas agresiones sexistas se base en la decisión de las mujeres a ejercer sus derechos – como el divorcio – hace pensar que sí existe una relación entre un sistema político con más libertades y el incremento de la violencia machista en su forma más brutal. Por ello, pienso que las acciones de violencia directa que tienen como objetivo la muerte de la víctima son más numerosas cuando las mujeres se rebelan contra las estructuras de dominación en un contexto más favorable a su autonomía, formación y movilización.


P. ¿Qué separa y que une el periodo actual del que usted ha estudiado en cuanto a la violencia de género?

R. En el periodo estudiado la violencia de género no existía como tal. No había una conceptualización de este tipo de violencia y por lo tanto, no se percibía como un problema social. La mayoría de casos de violencia de género se mantenía en un plano de invisibilidad, siendo sólo descubiertos los hechos más brutales. Esta circunstancia obedecía a que no existía una sensibilidad social que hiciera reconocer la violencia de género como un problema público que afectaba a toda la sociedad. En la actualidad, hemos avanzado mucho en ese sentido. Hay un reconocimiento público de este tipo de violencia y se han desarrollado medidas legislativas y políticas específicas para luchar contra ella. Sin embargo, aún nos queda mucho por hacer, ya que siguen perviviendo modelos culturales de género basados en concepciones tradicionales que lastran el avance de la igualdad.


P. Dice usted que la pervivencia de arquetipos (hombre violento-mujer pacífica / hombre activo-mujer pasiva) dificulta el estudio de la violencia de género ¿Por qué?

R. La pervivencia de estos arquetipos en nuestra cultura hace que sea muy difícil realizar un análisis matizado sobre la violencia, ya que presenta a las mujeres en los extremos, es decir, o como víctimas indefensas debido a su supuesto carácter dócil y sumiso o como ejecutoras implacables por su pretendida naturaleza pasional e irracional. Al mismo tiempo, define a los hombres como violentos por naturaleza. Estas visiones son lugares comunes que vacían de contenido las experiencias de mujeres y hombres, y los privan de capacidad de agencia como sujetos históricos.


P. Usted ha estudiado a fondo los distintos niveles desde los que se origina la violencia de género. En el momento actual, cuáles diría que son los que más están influyendo en este problema social, en nuestro país. ¿Y fuera de él, en los conflictos internacionales (desplazados, guerras, terrorismo…)?

R. Todos los niveles son importantes y se sustentan entre ellos. Sin embargo, en la base siempre encontramos los factores culturales. Las ideas compartidas por una comunidad con respecto a su sociedad, las imágenes culturales, son las estructuras más difíciles de transformar y más resistentes a los cambios. Los estereotipos de género perviven en nuestra cultura y esto hace que sigan perviviendo actos de violencia contra personas que no se adaptan a los modelos de género tradicionales. Por ello, tanto en nuestro país, como en los conflictos internacionales, las mujeres y los hombres que no se adaptan a las normas (homosexuales, transexuales, etc.) siguen siendo más vulnerables a este tipo de violencia.


P. No todos los expertos coinciden en cómo hay que denominar a la violencia de género. ¿Cuál es su opinión? ¿En qué medida la denominación contribuye a la solución del problema?

R. Es importante definir los conceptos con los que se explican los problemas. Si identificamos el término “género” con el término “mujeres” estamos diciendo que la violencia de género se reduce a la violencia contra las mujeres. Pero si entendemos el género como un concepto cultural que abarca distintos modelos de feminidad y masculinidad, el espectro que abarca la violencia de género se amplía y da cabida a todas las personas que sufren violencia por no seguir los modelos de género marcados por las normas sociales como correctos o aceptables. Por eso es importante definir y conceptualizar. Como decía la filósofa Celia Amorós, “conceptualizar es politizar”. Si no se conceptualiza bien un problema, no se puede crear conciencia social y política sobre él y, por lo tanto, es más difícil luchar contra él.


P. ¿La violencia tiene género?

R. Las mujeres son capaces de ejercer violencia igual que los hombres, y existen mujeres violentas de la misma manera que existen hombres violentos. La potencialidad para la violencia no viene determinada por el sexo, aunque los relatos culturales sobre el género nos induzcan a pensar que es así. Por lo tanto, podemos decir que la violencia no tiene sexo, pero sí tiene género, porque, aunque biológicamente no exista un sexo más violento que el otro, culturalmente se ha asociado la violencia con el género masculino.

miércoles, 26 de abril de 2017

“La igualdad no está en la agenda de las autoridades educativas”

El libro se presentó anoche en el espacio UNE de la Librería del BOE de Madrid. Intervinieron (de izqda. a dcha.): las autoras Marian Moreno, Kika Fumero y Carmen Ruiz Repullo, además del editor de la Universitat de les Illes Balears, Joan Vives.
Prevenir las violencias machistas en las aulas es imprescindible para trabajar por un mundo justo e igualitario. La igualdad sigue siendo llevada a las aulas de manera voluntaria por una parte del profesorado que se esfuerza por un cambio con perspectiva de género que nos permita que en el proceso de enseñanza-aprendizaje se dé cabida a la visibilización de la labor de las mujeres, a la desmitificación del amor romántico, a las relaciones en igualdad, al respeto a la diversidad en cuanto a identidades y orientaciones sexuales, etc.

Para ello, para llevar el feminismo y la diversidad a las aulas, el profesorado puede encontrar en este libro la ayuda necesaria. Un trabajo que parte de la teoría para aterrizar en la práctica cotidiana con estrategias y recursos concretos que hablan del aula del siglo XXI, de la adolescencia y la infancia de hoy en día, de las relaciones tal y como las queremos en el futuro. Un libro, en resumen, que parte de la realidad para llegar a cambiarla.

P. Ustedes hablan de “violencias machistas”. ¿Por qué el plural?
R. Hablamos en plural porque las violencias que se desprenden del machismo son varias: violencia simbólica, violencia física, violencia psicológica, violencia lgbtifóbica, etc. Por eso, por ser plural, las estrategias para prevenirla también deben ser plurales.

P. ¿Cuáles serían estas violencias machistas que aún permanecen en la escuela o han llegado de nuevo cuño?

R. Las violencias machistas no son de nuevo cuño, como mucho son nuevas las formas de extenderla (redes sociales, etc), pero son las de siempre: minusvaloración de las mujeres y de las personas lgbti, violencia explícita, cosificación de las mujeres e invisibilización de las mismas.

P. ¿Cuál es el punto de partida del alumnado hoy respecto a este tema? ¿Con qué ideas llegan los chicos y chicas a las aulas?

R. Es indudable que hoy en día hay más información, pero también es cierto que algunas veces llegan con ideas distorsionadas de lo que es la igualdad y el machismo impera en sus ideas y en sus formas de relacionarse. Los medios de comunicación y de ocio, como los videojuegos no ayudan a la igualdad.

P. ¿Dirían que ha evolucionado en los últimos años?

R. Diríamos que, en parte del alumnado, se va notando el gran esfuerzo por coeducar que han hecho muchas personas docentes, pero que todavía es muy largo el camino que nos queda. Ahora nos enfrentamos a nuevas realidades como el uso de las redes sociales y debemos afrontar la educación para la igualdad con nuevas estrategias.

P. ¿Cuáles son las principales dificultades con las que se encuentra la escuela a la hora de trabajar por la igualdad?

R. Una de las mayores dificultades es la falta de formación del profesorado en el tema y, también, el poco apoyo de las autoridades educativas para que la coeducación se haga de manera sistemática y global en los centros educativos. No es una prioridad, se sigue dejando en manos de profesorado voluntario.

P. ¿Qué grado de compromiso existe por parte de los poderes públicos?
R. Podríamos decir que el compromiso es muy bajo puesto que sigue dejándose en manos de profesorado voluntario, no se prioriza, no se facilita la formación del profesorado en general, no es tema que esté en la agenda de las autoridades educativas.

P. ¿Cómo están afrontando los profesores en la actualidad esta cuestión a la hora de educar en las aulas?

R. Pues de una forma voluntaria, con mucho esfuerzo personal para formarse fuera de su horario de trabajo, pero también con muchas ganas porque el profesorado que empieza a educar en igualdad ya no vuelve atrás, por lo tanto solo nos queda seguir hacia delante.

P. ¿Y los padres?
R. Las familias no son ovnis, están inmersas en la misma cultura patriarcal que el resto de la sociedad, por lo tanto, encontramos la misma variedad que en la calle. Lo que está claro es que las familias, por lo general, responden perfectamente cuando se les plantea el tema de la igualdad en las aulas.

P. En ocasiones se tiene la sensación de que la violencia de género ha aumentado en los últimos años, también entre los adolescentes. ¿Es correcta esta percepción? ¿A qué es debido?

R. No podemos hablar de un aumento puesto que no tenemos referencias estadísticas de otros tiempos, pero lo que sí es claro es que actualmente es más visible y eso es positivo porque se ha convertido en un grave problema social que es necesario atajar y prevenir. La juventud de hoy está expuesta a más estímulos de todo tipo y hay que prevenir los casos de violencia de género.

P. ¿Los resultados de la educación en la igualdad en la escuela son o pueden ser visibles a corto plazo? ¿Cuál es su experiencia?

R. Algunas de las cuestiones que tratamos sí que son visibles a corto plazo, puesto que van directamente relacionadas con el modo como nos relacionamos con las otras personas. Otras cuestiones son a largo plazo porque tienen que ver con cómo nos construimos como hombres y como mujeres. Hay de todo.

P. ¿Qué aporta este libro a uno de los grandes retos de nuestro sistema educativo?
R. Este libro es un manual en el que encontrar formas de trabajar en el aula y en el centro educativo, tanto para desaprender la desigualdad como para aprender la igualdad, así como para prevenir la violencia de género en adolescentes y, muy importante, prevenir la lgbtifobia que encontramos en nuestros centros.

miércoles, 19 de abril de 2017

Edicions UIB presenta el libro “Escuelas libres de violencias machistas”




  • Nuevo título de la Col-lecció Estudis de Violència de Gènere


Prevenir las violencias machistas en las aulas es imprescindible para trabajar por un mundo justo e igualitario. La igualdad sigue siendo llevada a las aulas de manera voluntaria por una parte del profesorado que se esfuerza por un cambio con perspectiva de género que nos permita que en el proceso de enseñanza-aprendizaje se dé cabida a la visibilización de la labor de las mujeres, a la desmitificación del amor romántico, a las relaciones en igualdad, al respeto a la diversidad en cuanto a identidades y orientaciones sexuales, etc.

Para ello, para llevar el feminismo y la diversidad a las aulas, el profesorado puede encontrar en este libro la ayuda necesaria. Un trabajo que parte de la teoría para aterrizar en la práctica cotidiana con estrategias y recursos concretos que hablan del aula del siglo XXI, de la adolescencia y la infancia de hoy en día, de las relaciones tal y como las queremos en el futuro. Un libro, en resumen, que parte de la realidad para llegar a cambiarla.

Las autoras
Kika Fumero, profesora, coeducadora, bloguera y activista por los derechos LGBTI es especialista en violencia de género, en diversidad afectivo-sexual e identidades de género y en políticas de igualdad. Doctoranda en la URJC con estudios sobre gestación subrogada es además investigadora e integrante de la Asesoría Coeducativa «Las Contadoras de Igualdad».

Marian Moreno Llaneza es profesora de Secundaria de Lengua castellana y Literatura y coeducadora desde que hace 27 años empezó a ser docente. Formadora del profesorado en coeducación y prevención de la violencia de género desde las aulas, es autora de varios libros y materiales didácticos con perspectiva de género, entre ellos el manual de educación para la igualdad “Queremos coeducar” (2013). Colaboradora en los planes de igualdad para educación en Navarra, Andalucía y Euskadi, es integrante de la Asesoría Coeducativa «Las Contadoras de Igualdad».

Carmen Ruíz Repullo es feminista, coeducadora y especialista en violencia de género y violencia sexual en adolescentes. Doctora en Sociología por la Universidad Pablo de Olavide con la tesis “Los peldaños perversos del amor. El proceso de la violencia de género en la adolescencia”, es autora, junto a Marian Moreno Llaneza, de los libros de texto “Cambios sociales y género e Igualdad de Género” de la editorial ANAYA. Es también investigadora e integrante de la Asesoría Coeducativa «Las Contadoras de Igualdad».

El libro se presentará el martes 25 de abril, a las 18:30h, en el espacio UNE de la Librería del BOE de Madrid (C/ Trafalgar, 27; metro Quevedo). El acto, en el que intervendrán las autoras, estará presentado por Julia Salmerón Cabañas, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid.